María Jesús Puerta tiene 57 años, es ingeniera de minas de Tarragona, y es la única mujer española que ha ganado un concurso de la NASA de forma individual. Lo hizo desde su casa, durante su recuperación de un cáncer de mama, compitiendo contra 1.200 proyectos de 80 países. Y no recibió el millón de dólares del premio porque las bases exigían ser ciudadana estadounidense. Hoy, en el Día Internacional de la Mujer, su historia merece ser contada entera.
Ahora está preparando su siguiente propuesta para la NASA: diseñar el sistema de alimentación para 14 astronautas en una misión tripulada a Marte.
¿Cómo una ingeniera de minas venció a la NASA desde su salón?
Todo comenzó con un anuncio en el periódico. Su marido, también ingeniero, vio la convocatoria del Lunar Recycle Challenge de la NASA: el programa Artemis necesitaba soluciones para gestionar los residuos de las misiones lunares. Una misión puede generar hasta 4.500 kg de basura, y devolver ese material a la Tierra no es viable económica ni logísticamente.
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👥 Únete gratis 🚀Puerta acababa de pasar por un cáncer de mama. Estaba en casa recuperándose. “Quería demostrarme a mí misma que todavía podía soñar a lo grande. Y también quería enviar un mensaje a mis hijos en el que les demostrara que también se pueden hacer grandes cosas desde casa”, explica. Su objetivo inicial era modesto: que la NASA aceptara el proyecto. Ganar no era ni una expectativa remota.
Lo ganó.
Su propuesta: un gemelo digital (digital twin) programado en Python que simula cómo interactuarían los residuos de las misiones con los minerales del regolito lunar. La superficie de la Luna está cubierta de regolito —polvo y fragmentos de roca— que contiene minerales con propiedades físicas y químicas conocidas. La idea de Puerta era aplicar los principios de la ingeniería de minas: si conoces las propiedades de los minerales, puedes combinarlos con los residuos para crear materiales útiles.
Entrenó un modelo de aprendizaje automático con datos científicos del programa Apollo sobre el regolito lunar. El sistema usa árboles de decisión para evaluar qué combinaciones son más eficientes: qué residuos mezclar, qué procesos usar, qué materiales se pueden obtener. El resultado: convertir basura espacial en metales, plásticos, combustibles y materiales similares al hormigón. Economía circular en la Luna.
El millón de dólares que no llegó — y lo que vino después
La victoria fue real. El premio, no. Las bases del concurso reservaban la dotación económica exclusivamente para residentes en Estados Unidos. “Las reglas son las reglas. Lo ponía en las bases del concurso”, le dijeron. Puerta lo aceptó con una elegancia que dice mucho de su carácter.
Lejos de frenarla, esa limitación se convirtió en combustible. Ahora está participando en “Mars to Table”, el siguiente desafío de la NASA: diseñar un sistema de alimentación completo para 14 astronautas en una misión de larga duración a Marte. El problema no es solo cocinar en el espacio —es garantizar nutrición adecuada, seguridad alimentaria y viabilidad logística durante meses en otro planeta.
Su propuesta se centra en dos líneas de investigación que raramente se asocian con la exploración espacial: el papel de los minerales en la dieta espacial y el comportamiento de los probióticos en microgravedad. “Parece que los probióticos dan problemas en el espacio”, adelanta. Está entrenando un modelo de IA para simular escenarios y optimizar combinaciones de ingredientes adaptadas a las condiciones extremas de una misión marciana. Planea presentar su propuesta este verano.
Sin posibilidad de recibir el premio económico. De nuevo. Pero ya no le hace falta validación en esos términos.
La IA como socio, no como sustituto
Puerta habló en el Talent Arena del MWC 2026 en Barcelona —el mismo evento donde Honor presentó su Robot Phone y donde el mundo tech se reúne cada marzo— y fue enfática en algo que vale la pena escuchar: “La IA va mucho más allá de herramientas de uso masivo. En mi experiencia, la IA no sustituye al criterio humano, sino que actúa como socio que multiplica las capacidades de una sola persona”.
Es exactamente lo que demostró: usando IA como herramienta, una persona sola, desde casa, con recursos limitados, fue capaz de competir exitosamente contra equipos de 80 países en un concurso de la NASA. Eso no es hype de IA. Es evidencia.
También fue directa sobre por qué su historia importa más allá de lo personal: “Faltan niñas en carreras de ciencias. No hay que ponerse límites”. Siendo la única mujer española que ha ganado de forma individual un concurso de la agencia espacial más importante del mundo, el argumento se sostiene solo.
Por qué importa
La historia de María Jesús Puerta importa por varias razones que se superponen.
Primero, por lo que dice sobre la IA aplicada con criterio. No es una historia de prompt engineering ni de usar ChatGPT para redactar correos. Es una ingeniería seria, con datasets reales de la NASA, modelos propios de machine learning y un gemelo digital funcional. Así se usa la IA para resolver problemas que importan.
Segundo, por lo que dice sobre la democratización del talento. El talento técnico no tiene geografía. Una ingeniería de minas catalana, desde su salón, puede plantear soluciones que la NASA no había considerado. Eso es exactamente lo que deberían hacer las herramientas digitales: nivelar un campo de juego que históricamente ha favorecido a quienes tienen acceso a grandes laboratorios o instituciones. Hoy ese acceso existe, si sabes cómo usarlo. Puerta lo sabe.
Tercero, por la coherencia de su trayectoria. No ganó, no cobró, y volvió a presentarse. En un ciclo de noticias donde la mayoría de las historias de emprendimiento e innovación giran alrededor del dinero levantado, el exit o la valoración, hay algo refrescante en alguien que persiste porque el problema le parece genuinamente interesante.
El 8M 2026 tiene muchas historias válidas. Esta es de las que se recuerdan.
Si te interesa la intersección de IA con problemas de infraestructura y materiales, también es interesante mirar lo que está pasando con la impresión 3D láser con regolito lunar que están desarrollando en Ohio State — un proyecto que conecta directamente con el tipo de materiales que Puerta está ayudando a pensar desde el lado de los residuos.

