España no va a fabricar chips de silicio. Ese tren ya pasó y lo subieron EE.UU., Corea del Sur, Taiwán, China y Japón. Pero hay otro tren saliendo: el del nitruro de galio (GaN), el semiconductor de próxima generación que promete ser más rápido, eficiente y resistente que el silicio. Y esta vez, España va adentro.
El proyecto se llama GIGaNTE —un nombre construido sobre la fórmula química del nitruro de galio (GaN)— y lo lidera Indra Group junto a un consorcio formado por SPARC Foundry, Televés Corporación y RBZ Robot Design. El objetivo: construir en Vigo la primera fábrica española de chips fotónicos de próxima generación y tenerla operativa para el primer semestre de 2027.
¿Qué hace especial al nitruro de galio?
El silicio dominó la industria de los semiconductores durante décadas por una razón simple: era barato, abundante y suficientemente bueno. Pero tiene límites físicos. El GaN (y otros compuestos como el arseniuro de galio GaAs o el fosfuro de indio InP) empujan esas fronteras:
- Mayor densidad de potencia: soporta voltajes más altos sin degradarse
- Menor consumo energético: crítico para dispositivos móviles, satélites y electrónica embarcada
- Mayor ancho de banda: esencial para telecomunicaciones 5G/6G y sistemas radar
- Resiste temperaturas extremas: ideal para sistemas de defensa, aviación y misiles
Joaquín Ponz, responsable de Innovación y Portfolio de Indra Group, lo explica sin rodeos: “El nitruro de galio está llamado a transformar la próxima generación de sistemas de defensa y comunicaciones. Como el chip soporta voltajes y densidades de potencia más altos, se pueden desplegar radares que tengan mayor alcance de detección, mejor resolución y seguimiento de las posibles amenazas”.
La fábrica de Vigo: 20.000 obleas al año
SPARC Foundry va a construir su planta en el Parque Tecnológico de Valadares, en Vigo. Indra es el socio mayoritario con el 37% de participación. Las obras ya comenzaron en enero de 2026, y durante este año el proyecto ya tiene más de 25 profesionales trabajando bajo la dirección de Francisco Díaz, CEO de SPARC.
Cuando esté a pleno rendimiento, la fábrica tendrá capacidad para producir hasta 20.000 obleas al año. No son números de TSMC —que fabrica cientos de millones— pero tampoco es el objetivo: estos chips apuntan a mercados de nicho de alto valor donde la soberanía importa más que el volumen.
El proyecto está enmarcado en el programa Misiones Ciencia e Innovación del Gobierno de España, lo que indica financiación pública como palanca para reducir el riesgo de inversión en una apuesta estratégica a largo plazo.
¿Por qué esto importa más allá de España?
Achim Lösch, directivo de Fraunhofer (el principal instituto de investigación aplicada de Alemania, también involucrado en tecnología GaN), lo contextualiza: “Los desafíos geopolíticos son una oportunidad para que las economías europeas obtengan ventajas tecnológicas en áreas clave desarrollando sus propias soluciones en electrónica”.
El telón de fondo es claro: la guerra de chips entre EE.UU. y China, las restricciones a exportación de semiconductores que Washington lleva endureciendo desde 2022, y la dependencia europea de proveedores asiáticos para chips críticos de defensa. No tener capacidad propia de fabricación no es solo una debilidad económica; es un riesgo de seguridad nacional.
Thales y Leonardo, las grandes de defensa europea, también están apostando por el GaN. España quiere estar en esa mesa.
El nicho donde Europa puede competir
La estrategia tiene lógica: no ir de frente contra TSMC en chips de silicio de consumo masivo —eso es una guerra perdida— sino meterse en el segmento de chips especializados donde:
- El volumen no es el factor clave
- La soberanía geopolítica sí lo es
- Los clientes (defensa, telecomunicaciones, automoción premium) pagan más por chips fabricados localmente con garantías de supply chain
Es el mismo razonamiento detrás del EU Chips Act, la gran apuesta de la Comisión Europea por recuperar cuota de fabricación de semiconductores en el continente. La diferencia es que GIGaNTE no trata de copiar a Intel o TSMC en su terreno: elige una tecnología donde Europa todavía puede ser relevante.
Por qué importa
Este proyecto demuestra que “soberanía tecnológica” puede ser algo más que un eslogan en un discurso político. Los chips GaN son estratégicos de verdad: van en los radares que detectan misiles, en las estaciones base que alimentan el 5G, en los satélites que conectan el planeta y en los inversores de los coches eléctricos. Si Europa depende de Asia para fabricarlos, tiene un talón de Aquiles.
La apuesta no está libre de riesgos. Una fábrica de 20.000 obleas al año es pequeña. El mercado GaN global está dominado por empresas como Wolfspeed, Infineon y las divisiones de semiconductores de los gigantes asiáticos. Y los plazos en industria siempre son optimistas.
Pero la dirección es correcta. España con Indra y SPARC, Alemania con Fraunhofer, Francia con Thales. Si Europa quiere no repetir el error que cometió con el silicio, tiene que empezar a actuar ahora. Y Vigo, en 2027, podría ser parte de esa respuesta.
