La Game Developers Conference (GDC) lleva reuniendo a la industria global del videojuego en San Francisco desde 1988. Este año, decenas de desarrolladores internacionales no van. No porque el evento no les importe. Porque tienen miedo de pisar suelo estadounidense.
“Honestamente, no conozco a nadie que no sea de EE.UU. que esté planeando ir al próximo GDC”, dijo a Ars Technica Emilio Coppola, director ejecutivo de la Godot Foundation, con base en España. “Nunca nos sentimos del todo seguros, pero ahora ya no estamos dispuestos a arriesgarlo”.
¿Qué está pasando en la frontera estadounidense?
Lo que empezó como reportes de redadas migratorias ampliadas bajo la administración Trump se convirtió rápidamente en algo más perturbador: ciudadanos europeos siendo interrogados, detenidos o devueltos a casa en aeropuertos por sus opiniones públicas o afiliaciones. No hablamos de migrantes irregulares. Hablamos de profesionales con visa de turista o de trabajo que vienen a un congreso de videojuegos.
Nazih Fares, director creativo francés-libanés del estudio indie Le Cabinet du Savoir, lo resume así: “Escuchar que ciudadanos europeos están siendo arrestados por control fronterizo por sus opiniones sobre EE.UU. no es algo que quiera comprobar en mi propia piel”.
El GDC 2025 (el primero bajo el segundo mandato de Trump) fue el punto de inflexión. Muchos desarrolladores ya tenían reservas pero decidieron ir porque era demasiado tarde para cancelar. Lo que vivieron en la frontera cambió la ecuación para 2026:
- Studios grandes ofrecieron asesoría legal a sus empleados y prepararon papelería en caso de problemas con ICE
- Neha Patel, directora de audio freelancer, describe cómo el agente fronterizo fue “muy intrusivo, más de lo normal”: preguntas sobre su empleo, roles, clientes. “Mentí y dije que no tenía clientes americanos. Tenía demasiado miedo”
- Para el GDC 2026, “no planeamos ninguna presencia física”, confirma un representante de un estudio AAA
Más que una conferencia: el daño sistémico al ecosistema global de juegos
GDC no es una feria de negocios genérica. Es donde se presentan nuevas tecnologías, se cierran acuerdos, se presentan demos a editores, se entrevistan candidatos, se anuncian nominaciones a premios como los IGF (Independent Games Festival). Para un indie internacional, no ir equivale a perderse oportunidades concretas de financiación, distribución y visibilidad.
Cassandra, una desarrolladora indie que prefirió el anonimato, explica el impacto real: “Ibamos a presentar nuestra demo y ser elegibles para nominaciones al IGF. No poder asistir fue parte de las razones por las que retrasamos el lanzamiento del juego. La política actual tiene un impacto existencialmente punitivo sobre nuestro trabajo”.
La consecuencia más obvia es que San Francisco pierde diversidad y escala internacional. Pero el daño secundario es más sutil: la industria global del videojuego se está fragmentando. Si los desarrolladores europeos, latinoamericanos y asiáticos no pueden reunirse en el mismo espacio físico que los estadounidenses, los lazos que generan colaboraciones, co-desarrollos y financiación cross-border se debilitan.
¿Puede GDC moverse?
La pregunta obvia es si la conferencia debería relocalizarse. Harold, otro desarrollador que habló con Ars, lo plantea directamente: “Estaría muy a favor de que GDC se trasladara a una ciudad que no sea tan ridículamente cara como San Francisco”. Las alternativas más mencionadas en la industria incluyen ciudades europeas como Amsterdam, Berlín o Madrid, o incluso Canadá.
La UTA (Entertainment Technology Association) y los organizadores del GDC no se han pronunciado públicamente sobre un posible traslado. El evento tiene décadas de inercia y contratos con proveedores de San Francisco. Pero la señal es clara: si el patrón continúa en 2027, la presión para mover el GDC fuera de EE.UU. será cada vez más difícil de ignorar.
No es solo videojuegos
El GDC es el caso más visible, pero el fenómeno es más amplio. Conferencias como SXSW, CES, y eventos de tecnología en EE.UU. enfrentan la misma dinámica. Los profesionales tech de Europa y LATAM están haciendo cálculos que antes no necesitaban: ¿cuánto vale este evento comparado con el riesgo de un interrogatorio de 4 horas en el aeropuerto?
Para LATAM esto tiene una dimensión adicional. Los desarrolladores de videojuegos de México, Argentina, Brasil y Colombia llevan años creciendo y ganando presencia internacional. Perder acceso efectivo a los eventos del sector en EE.UU. no es solo inconveniente: es una barrera que refuerza la asimetría entre el norte y el sur del hemisferio.
Por qué importa
El softpower de un país se mide también en cuántos profesionales globales quieren viajar hasta allí. EE.UU. lleva décadas siendo el epicentro de la industria tech y del entretenimiento digital no por decreto, sino porque era el lugar donde quería estar la gente más talentosa del mundo.
Cuando los desarrolladores internacionales no van al GDC, no es solo una pérdida para la conferencia. Es una señal de que EE.UU. está perdiendo algo más valioso que cuota de mercado: está perdiendo su atractivo como nodo gravitacional del talento global. Y eso, a diferencia de un tweet presidencial, tarda años en recuperarse.
La industria de los videojuegos mueve más de $180.000 millones al año globalmente. Si los eventos que articulan esa economía global empiezan a celebrarse sin la mitad del mundo, alguien más va a llenar ese hueco. Y ese alguien podría estar en Europa, en Canadá, o en Corea del Sur.

