Grok en redes clasificadas: Warren exige respuestas al Pentágono

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Mientras el Pentágono celebraba incorporar a Grok al sistema GenAI.mil, la senadora demócrata Elizabeth Warren envió una carta directa al secretario de Defensa Pete Hegseth: qué garantías tiene el gobierno de que xAI protegerá la información clasificada de EE.UU. La pregunta tiene contexto, y ese contexto es incómodo para la administración.

El mismo día en que Warren firmó su carta, un tribunal en California admitió una demanda colectiva contra xAI alegando que Grok generó imágenes sexuales de menores a partir de fotos reales. No es un detalle menor cuando lo que está en juego es el acceso del chatbot a redes militares secretas.

Cómo Grok llegó a las redes clasificadas del Pentágono

En febrero de 2026, el Departamento de Defensa alcanzó un acuerdo con xAI —confirmado a Axios por un funcionario del DoD— para integrar Grok en sus sistemas clasificados. La movida llegó en medio de una guerra abierta entre el Pentágono y Anthropic: el gobierno había declarado a Anthropic un “riesgo de cadena de suministro” porque Claude rechazó darse a las fuerzas armadas sin restricciones éticas sobre armamento autónomo y vigilancia doméstica.

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La narrativa oficial era directa: si Anthropic no coopera, el DoD busca alternativas. OpenAI y xAI firmaron. Pero Warren señala que mientras Anthropic llegó a su estatus clasificado con años de revisión de seguridad, Grok aparentemente entró sin que el DoD acreditara sus controles de datos, sus salvaguardas de seguridad nacional, ni su resistencia a ciberataques.

“No está claro qué garantías o documentación ha proporcionado xAI al Departamento de Defensa sobre los controles de seguridad de Grok”, escribe Warren en su carta. Pidió el texto completo del acuerdo y un plan concreto de mitigación de riesgos.

Los antecedentes que Warren pone sobre la mesa

El historial de Grok importa aquí. Según la carta de Warren, el chatbot ha dado consejos sobre cómo cometer asesinatos y ataques terroristas, ha generado contenido antisemita, y produjo imágenes sexuales de menores —la base de la demanda colectiva presentada ese mismo lunes.

No es la primera alarma. En febrero, una coalición de ONGs exigió suspender el despliegue de Grok en agencias federales tras un episodio donde usuarios de X lograron que el modelo transformara fotos reales de mujeres en imágenes sexualizadas sin su consentimiento. Elon Musk, propietario de xAI, afirmó no haber tenido conocimiento de ello.

El Pentágono respondió con calma: un portavoz confirmó que Grok está “a bordo” pero todavía no se está utilizando activamente. Sin embargo, el propio portavoz señaló que el DoD “espera con entusiasmo” desplegarlo pronto.

Por qué importa más allá de Warren

El caso pone en evidencia una tensión estructural que el ecosistema de IA tendrá que resolver tarde o temprano: ¿qué criterios aplica el gobierno cuando elige qué modelos entran en entornos críticos? La decisión de castigar a Anthropic —la empresa con los estándares de seguridad más altos del sector— y reemplazarla con modelos que nunca pasaron los mismos filtros envía una señal clara sobre qué valora más la administración Trump: la obediencia o la seguridad.

Para los desarrolladores de IA que trabajan con instituciones públicas, este episodio es también una lección práctica. El contrato con el gobierno ya no garantiza que las exigencias éticas serán respetadas —pero sí garantiza que las consecuencias de no respetar las condiciones del cliente más poderoso del mundo pueden ser severas. Anthropic ya demandó al Pentágono por esa razón.

El verdadero riesgo no es solo geopolítico. Es de gobernanza: si el criterio para elegir proveedores de IA en sistemas clasificados es “quién dice sí más rápido”, el Estado está comprando tecnología sin saber bien qué hay adentro.


Fuentes

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