Hay un video que muestra a un hombre haciendo agujeros en calcetines nuevos, cortando la pata de una mesa para que quede coja, secando marcadores con secador de pelo hasta inutilizarlos. Se define como “mierdificador”: coge cosas que están bien y las empeora. Es una broma. Y también es la declaración de guerra más concreta que se ha publicado en años contra la degradación deliberada de los servicios digitales.
El Consejo de Consumidores de Noruega (Forbrukerrådet) publicó Breaking Free: Pathways to a fair technological future, un informe exhaustivo que no se limita a describir el problema —lleva cartas enviadas a catorce países, incluido Estados Unidos— y propone mecanismos legales concretos para revertirlo.
¿Qué es exactamente la mierdificación?
El término lo acuñó el escritor Cory Doctorow y el diccionario Macquarie lo declaró palabra del año en 2024. La definición oficial: el deterioro progresivo de un servicio o producto provocado por la búsqueda de beneficios, especialmente en plataformas online. Lo clave es que no es deterioro accidental —es deliberado.
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→ Inscríbete hoy 🚀La mecánica es siempre la misma. Fase 1: te atraen con un servicio excelente y barato hasta capturar suficiente masa crítica. Fase 2: una vez estás atrapado, empieza la degradación. Uber primero fue más barato que el taxi para ganar mercado; ahora es más caro. Netflix primero fue la plataforma sin anuncios que rompió el cable; ahora tiene tier con anuncios y eliminó funciones como el cast desde móvil. Plataformas que eran gratuitas ahora cobran suscripción para quitar los anuncios que introdujeron después de hacerte dependiente.
El tráfico de bots ya supera al humano en internet, y los servicios que alguna vez fueron comunidades se han convertido en máquinas de extraer atención. No es una percepción nostálgica: es una estrategia de negocio documentada.
La IA no llega a salvar internet — llega a profundizar la herida
El informe dedica una sección entera a esto, y el argumento es sólido. La IA generativa no está revirtiendo la mierdificación: la está acelerando. Los resúmenes de IA en Google debilitan el ecosistema de publicaciones independientes al cortar el tráfico. Los algoritmos de AI slop inundan las redes de contenido sin valor que es barato de producir y caro de filtrar. Las plataformas integran IA para justificar subidas de precio. Y los algoritmos publicitarios con IA son más efectivos para maximizar tu tiempo en pantalla —no necesariamente para tu beneficio.
Incluso el movimiento de la small web —sitios personales, foros, redes descentralizadas— surge en parte como respuesta a esta degradación: la búsqueda de espacios donde el modelo de negocio no sea tu atención y tus datos.
El plan de Noruega: más allá de la queja
Lo que diferencia este informe de la mayoría es que no se detiene en el diagnóstico. Propone tres líneas de actuación concretas:
1. Devolver el poder a los usuarios: Interoperabilidad obligatoria (que puedas llevar tu red social a otra plataforma), protección legal de herramientas como los bloqueadores de anuncios, libertad para elegir el sistema operativo en cualquier dispositivo que compres, y algoritmos de recomendación alternativos que no dependan de los que diseñó la plataforma para retenerte.
2. Reducir la dependencia estructural de las grandes tecnológicas: Obligarlas a usar estándares abiertos e interoperables, financiar y adoptar software libre desde la administración pública (el gobierno como cliente estratégico de open source), y crear alternativas públicas a servicios críticos donde hay monopolio de facto.
3. Aplicar la ley de verdad: Sanciones más altas para las prácticas documentadas, controles más estrictos y ejecución activa. No nuevas leyes —aplicar con músculo lo que ya existe.
Noruega no actúa solo: envió cartas a catorce países, incluyendo EE.UU., pidiendo coordinación. La Digital Markets Act europea ya ha dado algunos pasos en esta dirección —el USB-C en el iPhone, el sideloading en iOS en Europa— pero el informe sugiere que eso es solo el principio de lo que se necesita.
Por qué importa
La mierdificación no es un fenómeno de un solo país ni de un sector. Es un patrón sistémico que aparece cuando el modelo de negocio es la atención capturada, no el valor entregado. Y tiende a ser invisible porque ocurre gradualmente: te acostumbras, normalizas la degradación, y un día estás pagando suscripción para usar una app que hace peor lo que antes hacía bien y gratis.
Lo notable del informe noruego es que no pide que las empresas sean buenas. Pide que la estructura de incentivos cambie: que la interoperabilidad baje el costo de cambiar de plataforma, que los estándares abiertos reduzcan el lock-in, y que las sanciones hagan que degradar deliberadamente un servicio sea económicamente más costoso que mantenerlo bien.
Es un argumento de ingeniería institucional, no de moralidad corporativa. Y ese es exactamente el tipo de argumento que puede, en teoría, funcionar.

