Samsung Galaxy y AirDrop: la regulación europea que cambió el juego

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Los archivos ya viajan entre Samsung y iPhone. No gracias a un acuerdo entre Apple y Samsung, sino gracias a Bruselas.

La semana pasada Samsung confirmó que los Galaxy S26, S26+ y S26 Ultra serán los primeros teléfonos Android —después de los Pixel de Google— en soportar AirDrop de forma nativa a través de Quick Share. El rollout empezó el 23 de marzo desde Corea del Sur y se expande ahora hacia Europa, América Latina, Norteamérica y Asia. Más modelos Galaxy llegarán después.

¿Qué cambió para que esto fuera posible?

AirDrop siempre fue uno de los muros más altos del ecosistema Apple. El sistema usa AWDL (Apple Wireless Direct Link), un protocolo propietario que corría sobre Wi-Fi y Bluetooth, diseñado desde cero para que solo los dispositivos Apple pudieran hablarse entre sí. Samsung intentó su respuesta con Quick Share —antes Nearby Share— pero ambos sistemas vivían en mundos separados.

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Lo que lo cambió fue la regulación europea. El Reglamento de Mercados Digitales (DMA) obligó a Apple a adoptar estándares de interoperabilidad real. Específicamente, Apple tuvo que migrar AirDrop desde AWDL hacia Wi-Fi Aware, el estándar abierto de la Wi-Fi Alliance que permite descubrimiento y conexión directa entre dispositivos de distintos fabricantes. Con iOS 26, ese cambio se hizo efectivo.

Google fue el primero en aprovecharlo: integró compatibilidad AirDrop en sus Pixel antes que nadie. Samsung, el mayor fabricante de Android del mundo, era el paso lógico siguiente. Lo que tardó años en lograr un acuerdo bilateral, lo resolvió una directiva europea en meses.

Por qué importa más allá de “mandar archivos”

La narrativa fácil es “ahora puedes pasar fotos entre tu Galaxy y el iPhone de tu amigo sin cables ni apps raras”. Y eso ya vale. Pero hay algo más estructural aquí.

Este movimiento revela que la fragmentación de ecosistemas —uno de los argumentos más fuertes de Apple para mantener a sus usuarios dentro de su mundo— ya no es solo una decisión de producto. Es, cada vez más, una variable regulatoria. La interoperabilidad forzada no viene por acuerdo comercial ni por altruismo tecnológico: viene porque los reguladores decidieron que los ecosistemas cerrados son una forma de abuso de posición dominante.

Lo que estamos viendo con AirDrop es un precedente para lo que puede pasar con iMessage, con FaceTime, con el ecosistema completo de continuidad Apple. Si el DMA puede forzar la apertura de AirDrop, puede forzar la apertura de más cosas. Apple lo sabe, y por eso está moviendo piezas de forma muy calculada: cumplir la letra de la ley, mantener el espíritu del jardín cerrado.

En el caso concreto de Samsung, la apuesta también es de posicionamiento. Ser el primer gran fabricante Android en ofrecer compatibilidad AirDrop —antes que Xiaomi, Oppo, o cualquier otro— le da un argumento comercial claro en mercados donde conviven ambos ecosistemas. LATAM es uno de ellos. El usuario que tiene un Galaxy y cuyo círculo cercano mezcla Android e iOS ya no tiene que elegir entre apps de terceros o el Bluetooth que siempre falla.

Los límites que nadie menciona

La compatibilidad no es perfecta todavía. Para que funcione entre Galaxy y iPhone, el usuario iPhone debe tener AirDrop configurado en el modo “todos durante 10 minutos”, no en el más cómodo de “solo contactos”. Eso limita el flujo natural: nadie está pensando en configurar AirDrop antes de recibir un archivo de alguien que no está en sus contactos.

Google ya declaró que está trabajando con Apple para habilitar el modo “solo contactos” en la interoperabilidad. Eso requeriría que Apple abriera la capa de autenticación de AirDrop, lo que implica coordinación bilateral, no solo cumplimiento regulatorio. Sin noticias concretas por ninguna de las dos partes.

También hay una pregunta abierta sobre cuánto tardarán Xiaomi, Oppo, vivo y el resto de fabricantes Android en implementar lo mismo. Técnicamente tienen acceso al estándar Wi-Fi Aware. El timeline lo decide cada fabricante, no el estándar.

La lección real

El jardín cerrado de Apple no cayó por la presión del mercado ni por la innovación de Samsung. Cayó —parcialmente— porque un regulador decidió que la interoperabilidad era un derecho, no una opción. La integración de AirDrop en Quick Share es, ante todo, un caso de estudio sobre cómo la regulación puede cambiar la arquitectura de los ecosistemas tecnológicos más rápido que la competencia directa.

Para el usuario común en Chile, México o Argentina que lleva años mandando archivos por WhatsApp porque “AirDrop no le llega”, esto es una mejora concreta. Para la industria, es una señal de lo que viene.

Un apunte para quienes siguen de cerca la interoperabilidad móvil: ya escribimos sobre cómo Apple ha usado sus reglas de App Store como palanca competitiva, y cómo la regulación está redefiniendo los límites de las plataformas. El caso AirDrop es otro capítulo del mismo patrón: cuando las plataformas no abren solas, los reguladores fuerzan la apertura.


Fuentes

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