Hay un único fabricante en el mundo que domina la maquinaria que hace posible los chips más avanzados del planeta: ASML, la empresa holandesa cuya tecnología de litografía ultravioleta extrema (EUV) es tan estratégica que los gobiernos pelean por controlar su exportación. Pero esta semana surgió una señal que vale la pena seguir de cerca: una startup noruega llamada Lace acaba de levantar $40 millones con el respaldo de Microsoft y Atomico para desarrollar una alternativa radicalmente diferente — y potencialmente más poderosa.
No es solo una ronda de financiamiento. Es la apuesta de que la litografía de átomo de helio puede hacer lo que la luz ya no puede: diseñar transistores diez veces más pequeños de lo que es posible hoy.
¿Qué hace diferente a Lace?
Para entender la relevancia de esto, hay que entender qué es la litografía. Es el proceso que dibuja los circuitos sobre el silicio: como estampar un patrón microscópico sobre una oblea. Cuanto más fino el pincel, más diminutas las estructuras, más transistores caben, más potencia computacional en menos espacio.
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→ Inscríbete hoy 🚀ASML logró esto usando luz de 13,5 nanómetros (EUV) — un logro de ingeniería descomunal que tomó décadas y miles de millones de dólares. El problema: la física tiene límites. A cierto punto, la longitud de onda de la luz dificulta seguir reduciendo los componentes.
Lace propone algo completamente distinto: en lugar de luz, usar un haz de átomos de helio. El haz mide aproximadamente 0,1 nanómetros — el ancho de un átomo de hidrógeno. ASML trabaja con 13,5 nanómetros. Eso no es una mejora incremental: es un salto de dos órdenes de magnitud.
“Nuestra tecnología puede expandir la hoja de ruta y permitir cosas que de otro modo serían imposibles”, dijo Bodil Holst, CEO de Lace, a Reuters. John Petersen, director científico de litografía en Imec — el principal hub de investigación de semiconductores del mundo — calificó el nivel de detalle posible como “casi inimaginable”.
Por qué importa la jugada de Microsoft
La ronda fue liderada por Atomico, con participaciones del brazo de venture de Microsoft (M12), Linse Capital, la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica y el fondo noruego Nysnø. No es casual que Microsoft esté en esta mesa.
Microsoft lleva años moviéndose con urgencia en el hardware de IA. Tiene sus propios chips personalizados para Azure (Maia y Cobalt), invirtió en Nscale y en otros actores de infraestructura. Pero la dependencia en TSMC y en la cadena de suministro de semiconductores es una vulnerabilidad estratégica que ninguna Big Tech puede ignorar.
Apostar a Lace tiene una lógica clara: si la litografía por átomo de helio llega a ser viable a escala, los fabricantes de chips podrían producir procesadores de IA con densidades sin precedente. Quienes tengan acceso temprano a esa tecnología — ya sea como inversores, socios o clientes — tendrán una ventaja estructural.
En paralelo, la carrera por no depender de ASML se está acelerando en múltiples frentes. China lleva años intentando replicar sus capacidades sin éxito real. EE.UU. está viendo cómo la demanda de IA satura la producción de TSMC y buscando opciones de diversificación. En ese contexto, una alternativa de litografía radicalmente diferente — y sin las complicaciones geopolíticas de la tecnología holandesa — tiene un valor estratégico que va mucho más allá de sus $40 millones de valoración actual.
El problema: el tiempo
Aquí aparece la tensión que la euforia del anuncio no debe ocultar. Lace apunta a tener una herramienta de prueba en una planta piloto alrededor de 2029. Es decir, la tecnología está todavía en fase de prototipo, a años de su primera validación industrial, y probablemente a más de una década de cualquier despliegue a escala.
El ciclo de la industria de semiconductores no funciona en meses. ASML tardó más de 30 años en llegar a la dominancia que tiene hoy. Las startups de chipmaking que prometen “superar a ASML” son un género con historia mixta: Multibeam, IMS Nanofabrication, Mapper Lithography — algunos éxitos parciales, algunos fracasos caros.
Lo que diferencia a Lace, al menos en papel, es la especificidad de su ventaja técnica. La litografía de haz de iones de helio no es nueva como concepto en investigación, pero Lace afirma haber logrado hacerlo funcional con el nivel de control necesario para aplicaciones de semiconductores. Su CEO presentó resultados en un summit científico de litografía en febrero pasado. Que Imec esté avalando el potencial no es un detalle menor: esa institución no suele dar comentarios entusiastas sin fundamentos.
La apuesta geopolítica detrás del capital
Hay un contexto que va más allá de la tecnología. ASML es holandés, y sus herramientas de EUV están controladas por los gobiernos de Países Bajos y EE.UU. La restricción de exportación a China de sus máquinas más avanzadas es parte activa de la guerra tecnológica entre las grandes potencias.
Una tecnología de litografía desarrollada en Noruega, con capital europeo y americano, crea una fuente alternativa que no estaría sujeta a los mismos controles — o al menos no de la misma manera. Eso interesa tanto a empresas privadas como a estados que quieren reducir vulnerabilidades en sus cadenas de suministro de chips.
La participación de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica y el fondo soberano noruego Nysnø señala que hay interés gubernamental explícito en que esta tecnología se desarrolle dentro del ecosistema europeo. Es la misma lógica detrás de los $5.000M que EE.UU. está poniendo en infraestructura de chips y del EU Chips Act: la soberanía tecnológica requiere no depender de un solo punto de falla.
Por qué importa seguir este caso
Lace no va a cambiar la industria de semiconductores en 2026. Ni en 2027. Probablemente tampoco en 2029, si se ajusta a los cronogramas habituales de esta industria. Pero representa algo que vale la pena registrar: el primer movimiento serio de capital institucional y corporativo hacia una alternativa de litografía que no usa luz.
Si funciona — y ese “si” es gigantesco — el impacto en la capacidad de diseño de chips de IA sería comparable a lo que fue el salto de la litografía DUV a EUV: una nueva era de densidad y rendimiento. Si no funciona, habrá sido una apuesta cara y educativa sobre los límites de la física aplicada.
Microsoft, con su posición en la infraestructura de IA y su historial de inversiones en hardware, claramente prefiere apostar temprano que llegar tarde a la mesa. El resto de la industria debería tomar nota.

