Los incendios de febrero de 2017 en Chile —la mayor catástrofe forestal en la historia del país— quemaron más de 350.000 hectáreas en semanas. Dos ingenieros vieron el problema desde el ángulo técnico: la detección de focos dependía de torres y vigilancia humana, y eso era un cuello de botella estructural que ningún decreto podía resolver. Esa limitación se convirtió en empresa.
Hoy, casi una década después, Firecatch —la plataforma de inteligencia artificial para detección de incendios de ACOT Systems— opera en Chile, Argentina y México, y tiene un piloto activo en Brasil. No es solo una expansión geográfica: es la validación de que un problema hiperlocal, construido desde el terreno y no desde un pitch deck, puede escalar regionalmente.
¿Cómo funciona el sistema?
La propuesta técnica de Firecatch parte de una premisa simple: las personas se cansan, las cámaras con IA no. El sistema combina cámaras de alta definición —incluyendo visión 360°— con sensores en terreno, geolocalización 3D y procesamiento en la nube para identificar humo y fuego en etapas iniciales, antes de que el foco escale a evento mayor.
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👥 Únete gratis 🚀“Con la detección automatizada y geolocalización en 3D, el sistema entrega alertas tempranas que permiten decidir con mayor rapidez y menor costo operativo. La información se visualiza en una plataforma web y una aplicación móvil, facilitando el monitoreo continuo, el seguimiento de eventos y la coordinación de recursos en terreno”, explicó Gonzalo Alcaíno, cofundador e ingeniero civil en biotecnología de la empresa.
El diferencial técnico más relevante no es la detección en sí —hay otras plataformas que también usan visión computacional para humo— sino la geolocalización apoyada en topografía 3D. Eso permite estimar con mayor precisión el punto de origen de un foco, orientando brigadas a un lugar específico en vez de a un área amplia. Cuando cada minuto de movilización tiene costo y las rutas son complejas, esa precisión vale mucho.
La plataforma opera 24/7 con notificaciones móviles, historial de alertas y analítica de detecciones, con optimización específica para condiciones nocturnas —cuando la visibilidad humana colapsa pero los incendios no se detienen.
De la crisis de 2017 al mercado regional
Alcaíno y Daniel Cuéllar —cofundador e ingeniero civil informático— identificaron el problema durante los incendios de 2017. Lo que empezó como un proyecto de validación tecnológica tuvo su primera fase de comercialización en 2021, cuando se incorporó Ricardo Gómez, técnico en prevención de riesgos, para estructurar el modelo comercial.
El foco inicial fue en Chile, con despliegues en regiones de alta exposición: Ñuble, Biobío y la Región Metropolitana. Entre los primeros clientes e instituciones usuarias figuran Bomberos de Chile y Senapred (Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres). La validación institucional fue clave para la credibilidad comercial, especialmente al apuntar a sectores privados con activos en riesgo.
La expansión apunta a organizaciones con alta exposición al riesgo forestal: compañías forestales, agroindustriales, empresas de alimentos, proyectos de captura de carbono e infraestructura crítica —exactamente los sectores donde el costo de un incendio no controlado supera con creces la inversión en monitoreo preventivo.
“El objetivo es anticipar la emergencia mediante información temprana y confiable, apoyando a empresas, organismos públicos y operadores de infraestructura crítica, en un escenario marcado por el cambio climático y el aumento de eventos extremos, donde la prevención resulta clave para evitar impactos de gran escala”, dijo Daniel Cuéllar.
Por qué importa: el modelo de startup climática desde el sur
Firecatch no es la única propuesta tecnológica para vigilancia de incendios. A escala global, hay plataformas satelitales que ofrecen cobertura continental en tiempo casi real —como las que analiza Signet, el agente autónomo que vigila incendios desde el espacio. La diferencia es de granularidad: los satélites ven el territorio a escala amplia; Firecatch opera en el nivel de parcela, con sensores físicos en terreno y alertas accionables para equipos en el suelo.
Eso no hace a uno mejor que el otro —son capas complementarias del mismo problema. Pero sí ilustra por qué la solución de Firecatch tiene tracción real en industrias con activos específicos: el dueño de una plantación forestal en Biobío necesita saber que hay humo en tal kilómetro de su predio, no que hay un foco activo en un polígono de 50 km².
El fenómeno tampoco es aislado en el ecosistema chileno. INER, otra startup local, usa drones e IA para inspeccionar turbinas eólicas a 70% menos de costo. El patrón es el mismo: riesgo físico real + infraestructura de monitoreo IA que reduce tiempo de respuesta y costo operativo. Chile tiene un contexto particular —la exposición a eventos climáticos extremos como catalizador de innovación deeptech— que está generando un conjunto de startups con propuestas de valor ancladas en necesidades concretas, no en tendencias importadas.
Eso tiene implicaciones para el ecosistema regional. Chile está posicionándose como líder de IA en LATAM con política pública activa, pero la tracción real está en empresas que construyeron soluciones antes de que hubiera política pública —y que ahora escalan porque el problema que resuelven se está agravando.
El cambio climático es, paradójicamente, el mejor aliado de mercado de Firecatch. En Argentina, México y Brasil, la frecuencia y magnitud de los incendios forestales ha aumentado sostenidamente. La demanda no viene de convencer a nadie de que el problema existe: viene de que las pérdidas son visibles y las aseguradoras, los gobiernos y las empresas forestales ya están buscando activamente alternativas al monitoreo humano tradicional.
La pregunta no es si hay mercado. La pregunta es si Firecatch puede escalar con la velocidad que la urgencia climática exige.

