Hay miles de titulares sobre cuánta energía va a consumir la IA. Pero hay un problema: nadie tiene los números reales. Ninguna agencia federal de EE.UU. recoge datos obligatorios sobre el consumo energético de los data centers. Lo que existe son estimaciones voluntarias, proyecciones de utilities con incentivos para inflarlas y compromisos sin dientes firmados en la Casa Blanca.
Eso es lo que quieren cambiar dos senadores que normalmente no coinciden en nada: Elizabeth Warren (demócrata) y Josh Hawley (republicano). El jueves enviaron una carta conjunta a la Administración de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés) exigiendo que la agencia establezca un reporte anual obligatorio del consumo de los data centers. “Sin estos datos, los legisladores, las empresas de servicios eléctricos y las comunidades locales están operando en la oscuridad”, escribieron.
La carta puede parecer un trámite burocrático menor. No lo es.
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👥 Únete gratis 🚀¿Por qué es difícil saber cuánto consume la IA?
La EIA, creada en 1977 tras los shocks petroleros, es el equivalente del Censo para la red eléctrica de EE.UU. Recoge datos obligatorios de petróleo, gas, manufactura y otros sectores pesados. Pero los data centers no entran en ninguna categoría específica. Se agrupan en una categoría genérica de servicios comerciales junto con oficinas, hospitales y tiendas.
Esto genera un problema estructural: las utilities tienen proyecciones de demanda futura, pero cada data center tiende a hablar con varias utilities a la vez antes de decidir dónde instalarse. Eso lleva a una doble contabilización masiva. El CEO de Vistra, una de las principales empresas de electricidad retail del país, dijo que las utilities pueden estar inflando la demanda proyectada entre tres y cinco veces más de lo que realmente se va a necesitar.
Además, un número creciente de data centers está instalando generación propia que no pasa por la red pública —lo que se llama “behind-the-meter”—. Eso los hace prácticamente invisibles para cualquier sistema de seguimiento.
El resultado: todos los modelos de política energética nacional están construidos sobre datos de arena.
¿Qué piden Warren y Hawley exactamente?
La carta tiene detalles técnicos específicos, no es una declaración general. Los senadores le piden a la EIA que recoja:
- Consumo horario, anual y en pico para cada data center
- Las tarifas que pagan a las utilities
- Información sobre generación “behind-the-meter”
- Si los data centers participan en programas de “demand response” (donde las utilities les pagan por reducir carga en momentos de alta demanda)
- Qué mejoras de infraestructura eléctrica fueron necesarias y quién las pagó
- Desglose entre consumo para computación de IA versus servicios cloud generales
Ese último punto es relevante: por primera vez, una propuesta regulatoria exige separar cuánto consume la IA de cuánto consume el resto de internet. Algo que la industria ha evitado como si fuera radiactivo.
La EIA tiene autoridad legal para hacer esto bajo la misma disposición que usa para recoger datos de la industria manufacturera. No necesita nueva legislación. Solo necesidad política de hacerlo.
El contexto: una semana de presión legislativa sin precedentes
La carta de Warren y Hawley no llegó sola. Llegó en una semana en que el Congreso despertó al tema energético de la IA con una intensidad que no se había visto antes.
Un día antes, el senador Bernie Sanders presentó un proyecto de ley para una moratoria nacional en la construcción de nuevos data centers hasta que se apruebe regulación de seguridad para la IA —el mismo movimiento que ya había anticipado junto con Alexandria Ocasio-Cortez. También el mismo día, el senador Dick Durbin presentó un proyecto separado para obligar a los data centers a reportar tanto su consumo energético como su uso del agua.
Y dos semanas antes, el presidente Trump reunió a ejecutivos de las grandes tecnológicas en la Casa Blanca para firmar un compromiso “voluntario” de costear su propia energía. No tiene mecanismo de cumplimiento ni penalidades. Según análisis de expertos, es marketing más que política.
La carta de Warren y Hawley es la primera palanca real en ese mapa: sin datos obligatorios, es imposible verificar si las empresas están cumpliendo sus promesas, calcular el impacto en las tarifas domésticas ni diseñar políticas públicas coherentes.
¿Qué cambia si la EIA hace esto obligatorio?
El administrador de la EIA, Tristan Abbey, ya dijo en diciembre que espera que la agencia sea un “actor esencial” en la recopilación de datos de data centers. Esta semana, la EIA anunció un programa piloto voluntario con casi 200 compañías en Texas, Washington y Virginia. Los senadores lo celebran en su carta, pero apuntan directamente a la brecha: ¿va a ser obligatorio? ¿Va a incluir la generación behind-the-meter?
Si la EIA establece un reporte obligatorio, las implicancias son grandes:
Para la industria: Las grandes tecnológicas tendrán que revelar por primera vez datos precisos de consumo que hasta ahora manejaban como secreto comercial. Google reporta sus datos energéticos voluntariamente — sus data centers duplicaron su consumo entre 2020 y 2024. Las empresas que no reportan voluntariamente quedarían expuestas.
Para los ratepayers: Las familias que viven cerca de concentraciones de data centers (Virginia, Georgia, Texas) ya están pagando mejoras de infraestructura eléctrica en sus facturas. Con datos transparentes, los reguladores estatales tendrán argumentos concretos para decidir quién paga qué.
Para la política climática: No es posible establecer metas de descarbonización ni evaluar el impacto ambiental real de construir la infraestructura de la IA si no se sabe cuánto consume. La opacidad actual beneficia al status quo.
Para el debate sobre el ritmo de la IA: La estimación dominante es que los data centers van a triplicar su demanda energética para 2035. Pero si las proyecciones actuales están infladas entre 3 y 5 veces, ese número podría ser mucho menor — o mucho mayor. Sin datos reales, nadie sabe.
El ángulo que importa: bipartidismo inesperado
Warren y Hawley no tienen casi nada en común. Ella es una de las voces más críticas del poder corporativo en el Senado desde la izquierda. Él es un conservador que ha convertido la presión sobre Silicon Valley en su marca personal, aunque desde un ángulo muy distinto. Que ambos firmen la misma carta sobre energía e IA dice algo sobre el estado de la política regulatoria: la preocupación por el impacto de los data centers en las tarifas eléctricas de las familias trasciende las líneas partidistas.
Hawley ya había cosponsorizado un proyecto con el demócrata Blumenthal para obligar a los data centers a autoabastecerse de energía en lugar de depender de la red pública. La carta a la EIA es un paso previo y más moderado: primero, entender cuánto se consume. Después, decidir quién paga.
Es una secuencia lógica. Es también la que el sector tech ha logrado evitar durante años.
Por qué importa
La regulación de la IA es una conversación que lleva años bloqueada en abstracciones — seguridad, alineación, autonomía, riesgos existenciales. El ángulo energético la aterriza en algo concreto: facturas de luz, capacidad eléctrica, impacto en comunidades locales.
La carta de Warren y Hawley no es legislación. No es vinculante. Le pide a una agencia que haga lo que tiene autoridad de hacer. La EIA tiene hasta el 9 de abril para responder.
Pero establece un precedente más importante que una ley nueva: si los datos se recopilan y se hacen públicos, toda la conversación sobre el costo de la IA para la sociedad cambia de terreno. Y la industria lo sabe.
No es casualidad que durante años haya logrado que “data center” no sea una categoría en el censo energético de la primera economía del mundo. El primer paso para regular algo es saber cuánto es.

