Cuatro de cada diez mexicanos ya interactúan con algún dispositivo inteligente. No con un smartphone ni con una tablet: con un electrodoméstico conectado, una bocina con asistente de voz o una cámara de seguridad que sabe distinguir entre una persona y un gato. El dato viene del INEGI y lo analiza The CIU: entre 2023 y 2025, la proporción de usuarios de IoT en México pasó de 27.6% a 37.9%. El hogar inteligente dejó de ser artículo de lujo para convertirse en infraestructura cotidiana.
Lo que está llegando ahora es la siguiente capa: la inteligencia artificial que hace que esos dispositivos no solo respondan a órdenes, sino que aprendan, anticipen y tomen decisiones solos. Y México, por su tamaño de mercado y su acelerada adopción de conectividad —75.3% de hogares con internet en 2025 según ENDUTIH—, es uno de los laboratorios más interesantes de América Latina para observar ese cambio.
Del asistente de voz al robot que trabaja solo
La primera generación del hogar inteligente en México la definieron las bocinas con asistente virtual. Hoy las tienen el 63.6% de los hogares con dispositivos conectados. Pero su uso real —55.5%— sugiere algo que cualquier observador confirma: la mayoría de las veces simplemente están ahí, como un nodo de conectividad que a veces pone música y a veces enciende una luz.
Aprende IA con nosotros
Únete gratis a mi comunidad en Skool, donde compartimos noticias, tutoriales y recursos para seguir aprendiendo juntos.
👥 Únete gratis 🚀La segunda generación es más concreta. Los sistemas de vigilancia están en el 38.4% de los hogares con IoT. La iluminación inteligente, en el 13.4%. Los electrodomésticos conectados, las cerraduras digitales y los termostatos todavía no superan el 5% en ninguna categoría, según The CIU. Lo que eso revela no es un fracaso: es el tamaño del espacio que queda por recorrer.
La tercera generación —la que está llegando ahora— pone IA real dentro de los aparatos. No un modelo de lenguaje para conversar, sino sensores que identifican suciedad imperceptible, cámaras que distinguen entre personas y mascotas, purificadores que monitorean calidad del aire en tiempo real y ajustan su operación automáticamente. El salto es significativo: de dispositivos que responden a instrucciones, a dispositivos que observan el entorno y actúan solos.
Dreame Technology presentó en México su nueva línea para 2026 precisamente en esa dirección. Su aspiradora insignia, la X60 Ultra Max Complete, no solo aspira: usa sensores duales y luz LED para detectar polvo fino y residuos orgánicos, adapta su modo de limpieza según lo que detecta, y se autolimpia a 100 °C en su base. El resultado es un aparato prácticamente autónomo que, en teoría, uno activa cuando sale a trabajar y encuentra el piso limpio al volver.
LG apunta aún más lejos con CLOiD, su robot doméstico presentado en el CES 2026: un dispositivo capaz de moverse por el hogar, interactuar con los ocupantes y realizar tareas en distintas zonas de la casa. El concepto que lo define es “Zero Labor Home”, el hogar donde el trabajo doméstico rutinario lo hace una máquina.
Lo que la IA cambia de verdad en el hogar
La diferencia entre un robot aspirador de primera generación y uno de última no es técnica en el sentido convencional: ambos aspiran. La diferencia es que el nuevo sabe qué parte del suelo está más sucia, cuándo pasar por allí de nuevo, y cómo hacerlo sin molestar al gato. Esa capacidad de adaptación —que antes era tarea de la persona que operaba el aparato— es ahora del algoritmo.
El caso del Roborock Saros 20, que analiza el plano de la casa antes de limpiarla, ilustra hasta dónde ha llegado esta lógica: el robot no solo ejecuta una tarea, construye un modelo del entorno en el que opera. Eso no es automatización, es comprensión contextual aplicada al hogar.
Lo mismo ocurre con la seguridad. Las cámaras inteligentes de hoy no solo graban: identifican movimiento, clasifican quién o qué lo generó, y envían alertas específicas. El purificador de aire con IA no solo filtra: mide, aprende patrones de uso y decide cuándo activar funciones adicionales. El estilizador inteligente de Dreame analiza tipo de cabello y sugerencias de estilo antes de recomendar un peinado. Son capas de IA que antes solo existían en el software de teléfonos y computadoras.
Hay un contexto más amplio que vale la pena considerar: toda esta capacidad de IA en dispositivos físicos requiere datos de entrenamiento del mundo real. Como documentó descubre.ai, trabajadores de plataformas como Instawork graban sus rutinas domésticas para enseñarle a los robots lo que hacen. La IA que limpia tu casa aprendió mirando cómo lo hacen personas reales.
El problema que la tecnología todavía no resolvió
La adopción crece, pero el ecosistema fragmentado frena la experiencia que las marcas prometen. Hoy un hogar mexicano puede tener una bocina Google, un televisor Samsung, una aspiradora Dreame y una cerradura compatible con Apple HomeKit. Cada uno vive en su propia aplicación, con su propia cuenta, con sus propios criterios de privacidad.
The CIU lo identifica como el desafío central de la próxima fase: “la siguiente fase dependerá de una mayor interoperabilidad entre dispositivos”. El estándar Matter, que prometía unificar el ecosistema IoT, avanza lento. La mayoría de los hogares mexicanos no lo experimentan todavía.
El otro freno es menos técnico y más cultural: la privacidad. La IA física tiene un problema de confianza que se llama datos: cuanto más aprende un dispositivo sobre el hogar, más información recopila sobre quiénes viven en él, cuándo duermen, cómo se mueven, qué consumen. En México, donde la regulación de privacidad de datos es aún limitada en el ámbito de dispositivos de consumo, esa tensión todavía no ha llegado al debate público con la fuerza que merece.
Por qué el hogar mexicano importa como caso de estudio
México no es un mercado de nicho para el hogar inteligente: con 75 millones de hogares y una clase media que absorbe tecnología de consumo a ritmo acelerado, es uno de los mercados de referencia para la adopción de IoT en América Latina.
La trayectoria que muestra el INEGI —de 20% de hogares con IoT en 2023 a casi 30% en 2025— es la misma que han seguido otros mercados emergentes que luego se convirtieron en los mayores adoptantes globales de ciertas tecnologías. El salto de bocinas inteligentes a robots domésticos con IA real no es lineal, pero tampoco es improbable en un entorno donde los precios caen y la conectividad se expande.
Lo que cambia con la IA no es solo la eficiencia de los electrodomésticos. Es el modelo de quién hace qué dentro de un hogar. Cuando una aspiradora decide sola cuándo pasar y por dónde, cuando un purificador ajusta su funcionamiento sin que nadie lo pida, cuando una cerradura reconoce al residente sin que saque llaves ni teléfono, la rutina doméstica se transforma en algo que ya no requiere atención constante.
La pregunta que el mercado mexicano está respondiendo en tiempo real no es si quiere tecnología en el hogar: ya la tiene. La pregunta es cuánta autonomía está dispuesto a delegarle a los algoritmos que la hacen funcionar.

