Nvidia frena sus inversiones en OpenAI y Anthropic — y la razón oficial no convence a nadie

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Nvidia acaba de anunciar que sus inversiones en OpenAI y Anthropic serán probablemente las últimas. Jensen Huang lo dijo en la conferencia de Morgan Stanley el miércoles, casi de pasada. La explicación oficial suena razonable. El problema es que no cuadra con cómo funciona el mundo de la inversión tech.

Para entender por qué esto importa, hay que ver el contexto completo: Nvidia es el proveedor de chips que hace posible la existencia de ambas empresas. Invierte en ellas. Ellas le compran chips. Es un triángulo que funcionó bien… hasta que empezó a ponerse muy complicado.

¿Qué dijo exactamente Jensen Huang?

En la conferencia de tecnología de Morgan Stanley en San Francisco, Huang dijo que una vez que OpenAI y Anthropic salgan a bolsa —lo que se anticipa para finales de 2026—, la ventana de inversión privada se cierra. Simple. Lógico. Excepto que no lo es tanto.

Las empresas de inversión siguen comprando acciones de compañías tech hasta prácticamente la víspera de su IPO. Si Nvidia quisiera seguir invirtiendo, podría. La explicación de “el IPO cierra la oportunidad” es técnicamente correcta para ciertas estructuras de inversión, pero no explica por qué Nvidia querría salir en este momento específico.

Lo que sí sabemos: Nvidia finalizó la semana pasada una inversión de $30.000 millones en OpenAI, como parte de la ronda de $110.000 millones que cubrimos en detalle aquí. Eso es mucho menos que los $100.000 millones que Nvidia había prometido originalmente en septiembre. La brecha entre promesa y realidad es enorme, y nadie ha dado una buena explicación.

El problema de los “negocios circulares”

Cuando Nvidia anunció que invertiría $100.000 millones en OpenAI, Michael Cusumano, profesor del MIT Sloan, lo describió en el Financial Times como “un lavado de manos”: Nvidia invierte en OpenAI, OpenAI gasta esa plata comprando chips de Nvidia. El dinero simplemente circula.

Hay una preocupación creciente de que estos acuerdos circulares estén inflando artificialmente las valoraciones del ecosistema IA. No es que el valor no exista, sino que la estructura de estos deals hace muy difícil saber dónde termina la inversión estratégica y dónde empieza la burbuja. El hecho de que Nvidia haya reducido su compromiso de $100.000 millones a $30.000 millones sugiere que alguien, en algún momento, llegó a la misma conclusión.

El elefante en la sala: Anthropic y el Pentágono

La situación con Anthropic es incluso más tensa. Solo dos meses después de que Nvidia anunciara una inversión de $10.000 millones en la compañía, el CEO de Anthropic, Dario Amodei, compareció en Davos y —sin nombrar a Nvidia directamente— comparó vender chips de IA de alto rendimiento a ciertos clientes chinos con “vender armas nucleares a Corea del Norte”.

Eso ya fue suficientemente incómodo. Pero la historia se puso peor:

  • La semana pasada: La administración Trump puso a Anthropic en lista negra, prohibiendo a agencias federales y contratistas militares usar su tecnología. El motivo: Anthropic se negó a permitir que sus modelos fueran usados para armas autónomas o vigilancia masiva. Algo que ya habíamos anticipado cuando Anthropic rechazó el contrato del Pentágono.
  • Horas después: OpenAI anunció su propio acuerdo con el Pentágono, en el espacio que Anthropic dejó libre. Anthropic calificó la narrativa de OpenAI de “mentiras descaradas”.
  • El resultado inesperado: Claude de Anthropic subió al #2 en el App Store de EE.UU., superando a ChatGPT. A finales de enero estaba fuera del top 100.

En este contexto, Nvidia tiene inversiones en dos empresas que están yendo en direcciones opuestas y arrastrando al resto del ecosistema con ellas. Una está haciendo negocios con el ejército. La otra acaba de ser excluida del mercado federal. Nvidia está en el medio de todo esto, vendiendo chips a ambas.

Por qué importa

Nvidia no es una empresa de capital de riesgo. Es el proveedor de infraestructura que hace posible la IA moderna. Sus inversiones en OpenAI y Anthropic siempre fueron estratégicas, no financieras en el sentido tradicional: se trataba de profundizar relaciones con sus mejores clientes y asegurarse de que el ecosistema siguiera creciendo alrededor de sus chips.

El hecho de que Nvidia esté saliendo —aunque sea con la excusa del IPO— dice algo sobre cómo está evolucionando el tablero. El negocio de Nvidia no depende de que OpenAI o Anthropic tengan éxito en particular; depende de que alguien esté corriendo modelos masivos que requieran sus GPUs. Si hay fricciones geopolíticas, regulatorias o competitivas entre sus clientes, Nvidia prefiere no tener skin in the game más allá de vender el hardware.

Lo que Huang dijo en Morgan Stanley fue una versión corporativa de “esto se está poniendo complicado y preferimos no estar más involucrados de lo necesario”. Y tiene sentido: cuando tus dos grandes inversiones están en lados opuestos de un debate sobre IA militar, lo más seguro es cobrar y salir.

El mercado parece entenderlo así. La pregunta real es qué pasa cuando OpenAI y Anthropic salgan a bolsa: ¿seguirán comprándole chips a Nvidia con la misma intensidad, o empezarán a desarrollar su propio silicio, como ya está haciendo Google con sus TPUs y Amazon con Trainium? Esa, más que la inversión puntual de $30.000 millones, es la pregunta que debería preocuparle a Nvidia a largo plazo.


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