NYC descarta a Palantir en salud pública: la presión que sí funcionó

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El sistema hospitalario público más grande de Estados Unidos acaba de confirmar que no le renovará el contrato a Palantir. La decisión —anunciada el 16 de marzo por Mitchell Katz, presidente de NYC Health + Hospitals, ante el Concejo Municipal de Nueva York— cierra un capítulo de casi tres años en los que la empresa de Peter Thiel cobró cerca de $4 millones por analizar datos de pacientes para mejorar la facturación de Medicaid.

La noticia importa menos por lo que Palantir pierde, y más por lo que el caso revela: la presión ciudadana organizada puede forzar a instituciones de salud pública a repensar sus contratos de IA, incluso cuando la tecnología funciona. Eso no ocurría antes. Es una nueva variable.

¿Qué pasó exactamente?

NYC Health + Hospitals empezó a usar software de Palantir en 2023 para una tarea concreta: analizar notas de salud de pacientes de forma automatizada y cruzarlas con registros de beneficios públicos, con el objetivo de capturar más ingresos por facturación a Medicaid. El contrato llegó a $4 millones.

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El problema no era el software. Era la empresa. Palantir tiene una historia documentada de colaboración con ICE en redadas migratorias, con la NSA en vigilancia masiva, y más recientemente con el ejército de EE.UU. en operaciones de targeting militar. Cuando The Intercept reveló los detalles del contrato neoyorquino en febrero de 2026, activistas del American Friends Service Committee comenzaron a presionar públicamente al sistema hospitalario.

En el Concejo, Katz respondió con algo revelador: aseguró que había un “cortafuegos absoluto” entre los datos de pacientes y los clientes gubernamentales de Palantir —como ICE—. Pero en la misma sesión anunció que el contrato no se renovará en octubre, y que el análisis de datos pasará a hacerse internamente. “Siempre lo pensamos como una solución de corto plazo”, dijo.

¿La presión forzó la decisión, o ya estaba decidida?

Aquí está la tensión más interesante del caso. NYC Health + Hospitals sostiene que el plan siempre fue transicional. Los activistas, en cambio, atribuyen el resultado a la campaña pública. Ambas cosas pueden ser verdad a la vez.

Lo que sí es claro: sin presión externa, los contratos de este tipo tienden a renovarse por inercia. El caso de Nueva York muestra que la presión ciudadana puede al menos acelerar esa transición hacia modelos internos o hacia proveedores menos controversiales. Y eso tiene implicaciones para cualquier gobierno o institución pública que esté considerando contratos similares.

“Palantir no debería tener lugar en nuestros hospitales, nuestros fondos de pensiones ni nuestro gobierno”, dijo Kenny Morris, del AFSC. Su campaña no termina en Nueva York: explícitamente apunta a replicar el modelo en otras ciudades.

El giro irónico: Palantir crece mientras pierde este contrato

Mientras NYC cierra la puerta, el Reino Unido la abre. La Financial Conduct Authority (FCA) acaba de contratar a Palantir para analizar dos años de inteligencia interna con sus sistemas de IA, en el marco de su lucha contra el crimen financiero. Parlamentarios británicos ya pidieron al gobierno suspender ese contrato. Parece que el ciclo se repite.

El patrón es consistente: Palantir avanza en instituciones donde el escrutinio público es menor, las presiones son distintas o donde su propuesta técnica es difícil de reemplazar en el corto plazo. Su negocio comercial crece. El frente de la salud pública, en cambio, está mostrando resistencia. Ya documentamos aquí esa dualidad: la empresa vende guerra en su narrativa, pero depende cada vez más de contratos comerciales para crecer.

Por qué importa para la IA en salud pública

El caso de Nueva York no es una historia sobre Palantir. Es una historia sobre la gobernanza de la IA en instituciones públicas críticas.

Hasta ahora, el debate sobre IA en salud se centraba en la precisión de los modelos o en el cumplimiento regulatorio (HIPAA, GDPR). Lo que este caso agrega es una dimensión que los contratos no suelen contemplar: la reputación del proveedor y su actividad fuera del contrato específico.

Un hospital puede tener un cortafuegos técnico perfecto entre los datos de pacientes y otros clientes del proveedor. Pero si ese proveedor trabaja simultáneamente con ICE, con el ejército, con vigilancia masiva, la institución hereda parte de esa narrativa. Y en entornos donde la confianza del paciente es fundamental, eso tiene costo real.

La decisión de traer el análisis de datos in-house también revela algo más: las instituciones de salud pública ya tienen (o creen tener) la capacidad técnica para no depender de un proveedor externo para funciones de análisis relativamente acotadas. Eso no era obvio hace tres años. El mercado de herramientas de datos se democratizó lo suficiente.

Para quienes trabajan en healthtech o en contratos públicos de IA —especialmente en LATAM, donde este tipo de contratos recién empiezan a aparecer—, el caso plantea preguntas concretas: ¿Con qué proveedores conviene aliarse? ¿Cuál es el costo reputacional de un proveedor que opera en sectores controversiales? ¿Qué parte del stack de datos tiene sentido externalizar a largo plazo?

El sandbox regulatorio de Ecuador y el proyecto de ley de IA en Chile apuntan a que la región empieza a construir marcos. Pero los marcos no resuelven solos la pregunta de qué empresas deben operar en qué instituciones. Eso requiere deliberación pública, y Nueva York acaba de mostrar que funciona.

Qué sigue

El contrato expira en octubre de 2026. NYC Health + Hospitals tendrá que demostrar que puede replicar internamente lo que Palantir hacía. Si lo logra, el caso se vuelve un argumento fuerte para la internalización de capacidades de datos en salud pública. Si no, la presión por volver a externalizar será real —aunque esta vez con un proveedor de perfil más bajo.

La campaña de AFSC no se detiene. Y Palantir, que ya viene procesando su relación con la controversia pública desde AIPCon, ha apostado a que su tecnología es suficientemente indispensable para sobrevivir el escrutinio. En salud pública, al menos en Nueva York, esa apuesta acaba de perder una ronda.


Fuentes

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