En el estado de Washington operan alrededor de 126 centros de datos de IA. Cada uno consume, en promedio, 300.000 galones de agua al día —el equivalente al consumo diario de 1.000 hogares. Los más grandes llegan a los 5 millones de galones diarios, suficiente para abastecer a una ciudad de 50.000 habitantes.
A principios de 2026, el estado intentó regularlo. El lobby tecnológico lo bloqueó. La historia importa no solo por lo que ocurrió en Washington, sino por lo que viene después.
Qué proponía la ley y por qué incomodaba
El proyecto era una de las propuestas regulatorias sobre data centers más concretas que se han presentado en EE.UU. Sus puntos principales:
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→ Inscríbete hoy 🚀- Proteger a los consumidores residenciales del alza de tarifas eléctricas causada por el alto consumo de los centros de datos.
- Obligar a instalaciones nuevas o en expansión a operar con un 80% de energía limpia para 2030 y el 100% para 2045.
- Publicar reportes anuales de transparencia sobre consumo de agua, energía, refrigerantes y emisiones.
- Coordinar proyecciones de carga eléctrica con las distribuidoras para prevenir apagones regionales.
No era una ley de prohibición. Era una ley de transparencia con plazos de casi 20 años para el cumplimiento total. Aun así, Microsoft —que opera aproximadamente 30 centros de datos en Washington— testificó en contra sin proponer modificaciones. Amazon, cuya división AWS comprometió $200.000 millones en infraestructura cloud solo en 2026, también se alineó con el rechazo. La ley fue bloqueada.
Los números que el lobby prefirió no discutir
El impacto real del consumo de los data centers de IA no es una estimación ecologista; son datos de las propias empresas y de reportes independientes:
- Los data centers de IA de Google en EE.UU. obtuvieron el 80% de su agua de fuentes de agua potable en 2023.
- El data center de Google en Iowa utilizó 2,7 millones de galones al día en 2024.
- El uso de agua corporativo de Microsoft creció un 87% en un solo año.
- Los servidores de IA consumen hasta 2,4 galones de agua por kilowatt-hora de energía utilizada, según Food & Water Watch (febrero 2026).
A nivel global, los data centers demandan cerca de 300 TWh anuales de electricidad —suficiente para alimentar a más de 28 millones de hogares estadounidenses— y hasta 720.000 millones de galones de agua al año solo para refrigeración.
El 20% de los centros de datos de EE.UU. en 2021 ya operaba en zonas con estrés hídrico moderado o alto. En Arizona y Northern Virginia, compiten directamente con la agricultura y el suministro doméstico. Este problema conecta directamente con el debate sobre el costo ambiental de escalar la IA: cada nuevo clúster que se enciende es también agua y energía que dejan de estar disponibles para otros usos.
Por qué el lobby ganó esta batalla pero no la guerra
La oposición a la ley no fue solo corporativa. Municipios y grupos de trabajadores que dependen económicamente de los centros de datos —empleos, impuestos, contratos locales— también presionaron en contra. Es el patrón clásico de cualquier regulación de infraestructura: los beneficios están concentrados y son visibles; los costos están distribuidos y son difusos.
Pero hay señales de que la presión solo se acumula:
- La Unión Europea avanza en marcos que incluyen dimensiones ambientales para la infraestructura de IA, con requisitos de transparencia energética en el AI Act Omnibus.
- El mercado de refrigeración líquida para data centers ya refleja la urgencia: $5.520 millones en 2025, proyectado a $15.750 millones en 2030. Las empresas invierten en soluciones que reducen el consumo de agua porque la presión del mercado —no solo la regulación— lo exige.
- Los inversores ESG y los clientes enterprise comienzan a pedir reportes de huella hídrica como parte del due diligence. El 68% de las empresas ya paga un 10% más de electricidad por la IA; cuando ese costo se traslada a tarifas residenciales, la presión política cambia de signo.
La regulación en Washington fracasó, pero las fuerzas que la impulsaron —escasez de agua, costos eléctricos que se trasladan a consumidores, riesgo de apagones regionales— no desaparecen con el voto negativo de un comité legislativo.
Lo que esto significa para el ecosistema tech
Para founders y empresas que construyen sobre infraestructura cloud, hay dos implicaciones prácticas.
El costo energético es una variable de unit economics. Si los reguladores en más estados empujan tarifas diferenciadas para grandes consumidores industriales de electricidad —que es exactamente lo que proponía la ley de Washington— los costos de cómputo en la nube suben. No es un riesgo abstracto; es una variable que ya aparece en los modelos financieros de AWS, Azure y GCP bajo escenarios de regulación estatal.
La eficiencia energética y térmica se vuelve ventaja competitiva. Los sistemas de circuito cerrado pueden reducir el consumo de agua fresca hasta un 70% comparado con la refrigeración evaporativa tradicional. Las startups de infraestructura que resuelvan el problema térmico de la IA —desde refrigeración líquida directa hasta arquitecturas de chips que generen menos calor residual— tienen un TAM creciente y compradores con urgencia real. El fracaso de la regulación en Washington no reduce ese mercado: lo acelera, porque las empresas saben que la presión llegará de otro lado.
El lobby tech ganó en Washington en 2026. Pero Washington tiene 126 data centers y ese número sigue creciendo. La aritmética del agua y la energía no se puede hacer lobby para siempre.

