Patreon al grano: si el fair use es legítimo, ¿por qué pagan a Disney y no a los creadores?

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El CEO y cofundador de Patreon, Jack Conte, se presentó en SXSW 2026 con lo que él llama un manifiesto: la defensa de fair use que usan las empresas de IA para justificar entrenar sus modelos con contenido ajeno se cae sola con una pregunta. Si es legal usar ese contenido gratis, ¿por qué le pagan millones a Disney, Condé Nast y Warner Music?

La respuesta obvia, dice Conte, es que el argumento jurídico es conveniente, no sólido.

¿Qué es el “fair use” y por qué importa acá?

El fair use (uso justo) es una excepción del copyright estadounidense que permite usar material protegido sin permiso en ciertos contextos: educación, crítica, parodia, investigación. Las empresas de IA han argumentado que entrenar modelos con texto, imágenes y audio públicos califica bajo ese paraguas.

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El problema que señala Conte es estructural: si el fair use fuera un escudo legal genuino, las empresas de IA no necesitarían —ni querrían— pagar licencias a grandes medios. Y sin embargo lo hacen. OpenAI, Google y otros han firmado acuerdos con publishers como Condé Nast, Associated Press o plataformas de música. Esas negociaciones existen precisamente porque el argumento legal no es tan blindado.

“Si es legal usarlo gratis, ¿por qué pagan?”, preguntó Conte en su charla en Austin. Y no hay respuesta cómoda para las empresas de IA.

El problema es de escala, no de intención

Conte se cuidó de no sonar anti-tecnología. “Dirijo una empresa de tecnología”, aclaró desde el inicio. Patreon usa IA en sus productos, y no prohíbe que sus creadores la usen. Pero señala una asimetría que se vuelve insostenible: los grandes titulares de derechos (estudios, sellos, editoriales) tienen poder negociador; los 300.000 creadores individuales de Patreon, no.

Mientras Disney puede sentarse a negociar una licencia millonaria, un músico independiente o un ilustrador no tiene manera de saber si su trabajo está en los datos de entrenamiento, ni de exigir compensación si lo está. Ese es el verdadero campo de batalla: no si la IA debe existir, sino quién captura el valor que genera.

En ese contexto, el caso Kadrey v. Meta ya estableció un precedente relevante: Meta terminó pagando 1.500 millones de dólares en un acuerdo con autores cuyos libros se usaron para entrenar sus modelos de lenguaje. Cuando el argumento de fair use va a juicio, a veces no sobrevive.

¿Qué pide Conte exactamente?

Su demanda se resume en tres palabras que repite como consigna: consent, credit, compensation —consentimiento, crédito y compensación. Tres derechos que hoy no existen de forma estructural para la mayoría de los creadores:

  • Consentimiento: la posibilidad real de optar por salir del entrenamiento de modelos
  • Crédito: que si un modelo replica el estilo o la voz de un artista, eso se reconozca
  • Compensación: algún mecanismo económico que distribuya parte del valor generado

Conte mencionó la analogía de las regalías musicales: cuando el streaming destruyó el modelo de ventas de canciones, se negoció —con dolores y años de conflicto— un sistema de micropagos por reproducción. Algo similar podría construirse para el entrenamiento de IA. No detalló cómo, pero la estructura existe como referencia.

Por qué importa

El argumento de Conte no es nuevo, pero importa quién lo dice. Patreon no es una organización de derechos de autor ni un estudio de Hollywood. Es una plataforma con más de 300.000 creadores activos y más de 10 millones de suscriptores mensuales que pagan cada mes. Tiene escala y tiene interés económico directo en que sus creadores sobrevivan como negocio.

Eso lo convierte en un actor que puede presionar de forma diferente: no desde el litigio, sino desde la conversación pública y, eventualmente, desde el lobby. El SXSW fue su tribuna. La pregunta que lanzó —”¿por qué pagan a Disney y no a los creadores?”— es simple, clara, y difícil de refutar sin revelar que el fair use es principalmente una estrategia legal defensiva, no una convicción ética.

El debate no va a resolverse pronto. Pero cada voz nueva que lo lleva al mainstream hace más difícil que las empresas de IA lo traten como un asunto técnico menor. Ya no lo es.


Fuentes

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