Carl Pei, cofundador y CEO de Nothing, lo dijo sin rodeos en SXSW 2026: las apps del smartphone van a desaparecer. No como predicción vaga de futurólogo, sino como tesis de negocio que ya está moldeando cómo su empresa invierte. Para los que construyen productos digitales hoy, la pregunta no es si esto va a pasar —sino cuándo y qué quedará en pie.
El problema de fondo que señala Pei es real: la experiencia de usar un teléfono lleva 20 años sin cambiar de verdad. “Tienes pantalla de bloqueo, pantalla de inicio, apps. Navegas entre apps. Cada app es una cosa a pantalla completa. Hay algún tipo de tienda para descargar más apps. No ha cambiado en 20 años”, dijo en Austin. Y tiene razón.
¿Qué reemplaza a las apps?
La respuesta de Pei es un agente de inteligencia artificial (IA) que conoce tus intenciones lo suficientemente bien como para actuar sin que tú lo tengas que comandar. No “abre el mapa, busca el café, pide un Uber, avisa por mensaje”. Solo: quiero café con alguien, y el dispositivo lo resuelve solo.
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→ Inscríbete hoy 🚀La primera fase —que ya existe en algunos productos— es ejecutar comandos concretos: reservar un vuelo, agendar una reunión. Aburrido, dice Pei. Lo interesante viene cuando el sistema aprende tus intenciones a largo plazo. Si quieres estar más sano, el dispositivo sugiere acciones antes de que las pidas. “El sistema nos conoce tan bien que propone cosas que ni sabíamos que queríamos”, explicó, comparando el concepto con la función de memoria de ChatGPT.
Pero hay un matiz importante que la mayoría de los análisis pasa por alto: Pei no está diciendo que los agentes van a usar el teléfono como lo usamos nosotros. “El futuro no es que el agente use una interfaz humana. Necesitas crear una interfaz para que el agente la use. Esa es la forma más preparada para el futuro.” Esto cambia todo el problema de diseño de productos móviles: el usuario deja de ser el único interlocutor del sistema operativo.
Qué cambia para quienes construyen productos
Pei fue directo en su advertencia a founders: “Si eres founder o startup y el valor central de tu negocio está en tu app, eso va a ser disruptado, te guste o no.” Es la misma lógica que destruyó a los directorios web cuando llegó Google, o a los portales de noticias cuando llegaron las redes sociales.
El patrón de navegación que hoy parece inamovible —app store, íconos, menús, pantallas— asumió desde siempre que el humano era quien tomaba cada microdecisión. Si el agente empieza a tomarlas, la “app” como unidad de valor se vuelve irrelevante. Lo que importa es la API que el agente puede llamar, el dato que puede obtener, la acción que puede ejecutar. El front-end para humanos pasa a segundo plano.
Nothing ya está apostando en esa dirección: su OS permite a usuarios “vibe codear” mini-apps con prompts, y la empresa cerró una Serie C de $200 millones en 2025 con una tesis explícita de dispositivo AI-first. No es el único. El auge de Android diseñándose para agentes va en la misma dirección: Google ya piensa en AppFunctions y Gemini como capa de orquestación sobre las apps existentes.
Por qué importa más allá del hype
La tesis de Pei no es nueva —lleva años diciéndola— pero tiene más peso hoy porque el mercado está moviéndose en esa dirección con hechos concretos. Android y iOS están integrando capas agentivas. OpenAI, Anthropic y Google están construyendo modelos con computer use nativo. La pregunta sobre “qué es una app en un mundo de agentes” ya tiene respuestas en producción, no solo en demos.
Lo que Pei añade a la conversación desde SXSW es la perspectiva del hardware: si el OS del futuro habla principalmente con agentes, los dispositivos tienen que ser diseñados para eso. Menos pantallas llenas de íconos, más sensores, más contexto ambiental, más capacidad de inferencia local. El teléfono que viene no parece un iPhone con IA encima —parece algo bastante diferente.
Por ahora, eso sigue siendo una apuesta. Pero es una apuesta con $200 millones detrás.

