Relitia: la startup chilena que convierte baterías de litio usadas en materias primas para el futuro

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Solo el 5% de las baterías de litio se reciclan en el mundo. El resto termina en vertederos o abandono, enterrando litio, cobalto y níquel que costó millones de dólares extraer. Relitia, una startup chilena fundada por dos químicos industriales, apuesta a cambiar esa ecuación desde Santiago — y a tiempo antes de que el boom de vehículos eléctricos convierta este problema en una crisis.

La oportunidad no es pequeña: según el ICCT (International Council on Clean Transportation), desarrollar una cadena de valor nacional de baterías en Chile podría generar ganancias de hasta USD $12.300 millones. Y el marco regulatorio ya existe para empujar el mercado.

¿Qué es Relitia y qué hace exactamente?

Relitia es la primera startup latinoamericana dedicada a recuperar materiales críticos de baterías de iones de litio en desuso. La fundaron Nicole Briones y Víctor Rojas, dos químicos industriales que comenzaron el proyecto como iniciativa universitaria. Hoy operan en laboratorio y proyectan escalar a planta piloto.

Lo que hacen va más allá de “reciclar”: aplican un proceso físico-químico que les permite recuperar carbonato de litio, sales metálicas (níquel, manganeso, cobalto), grafito, cobre y aluminio con alto grado de pureza. Esos materiales no van al relleno sanitario — vuelven a la cadena productiva como materia prima para nuevas baterías.

Sus propios números dicen bastante:

  • +90% de recuperación: de los materiales de una batería fuera de uso
  • Hasta 50% en peso: de una batería puede refabricarse con sus productos
  • Lotes de hasta 200 kilos por envío en la etapa actual
  • Trabajan con baterías de herramientas inalámbricas, drones y celdas fotovoltaicas

El proceso: de batería usada a materia prima circulante

El proceso empieza antes de tocar la química. El equipo evalúa el estado de carga de cada batería y la descarga de forma controlada cuando es necesario, eliminando el riesgo de incendio que hace tan complejo este residuo. Luego separan los componentes inertes — carcasa de aluminio, plásticos — de los materiales con valor real: cátodos, ánodos y separadores.

Recién ahí entra el proceso químico-físico propietario que les permite separar y purificar cada material. El resultado final: materias primas que pueden volver a fabricar nuevas baterías, reduciendo la dependencia de la extracción minera primaria.

Es economía circular aplicada al sector más estratégico de la transición energética.

La Ley REP como catalizador: ¿por qué ahora?

Chile aprobó en 2019 la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), que obliga a fabricantes e importadores de productos prioritarios — incluyendo baterías — a hacerse cargo de la gestión de sus residuos al final de la vida útil. En febrero de 2026, el anteproyecto que establece metas concretas de recolección y valorización fue publicado en el Diario Oficial, según reportó El Desconcierto.

Esto transforma la regulación en un mandato de mercado activo. Quien tenga capacidad de reciclaje de baterías de ion litio cuando la ley exija cumplimiento estricto — que se proyecta endurecer gradualmente — tendrá ventaja competitiva real. Relitia está construyendo esa capacidad ahora, antes de que la demanda sea masiva.

El timing importa: los vehículos eléctricos en LATAM tienen baja penetración actual y las baterías duran más de lo proyectado inicialmente. Eso reduce el volumen de residuos disponibles hoy, pero hace que el momento ideal para construir infraestructura y relaciones sea justamente este — no cuando el volumen explote entre 2030 y 2035.

El contexto regional: LATAM está despertando, Chile puede liderar

A nivel global, países como Estados Unidos, Alemania y Corea del Sur ya tienen operaciones industriales capaces de recuperar hasta el 95% de los materiales. En LATAM el ecosistema está emergiendo:

  • Colombia: Altero (fundada 2018) ha reciclado más de 250 toneladas de baterías de dispositivos electrónicos
  • México: ReLitio y SITRASA avanzan en cadenas de recolección y tratamiento
  • Chile: Relitia es la única focalizada en baterías de iones de litio con tecnología propia

Además, el Centro Lithium I+D+i de la Universidad Católica del Norte — en colaboración con SQM — trabaja en reciclaje sostenible y nuevos materiales, generando un ecosistema académico-industrial que puede funcionar como aliado natural para startups como Relitia.

El nudo: el círculo vicioso del deeptech en LATAM

Nicole Briones, CEO de Relitia, no endulza la situación: la empresa enfrenta un círculo vicioso clásico del hardware y cleantech latinoamericano.

  • Sin inversión → no hay planta
  • Sin planta → no hay producción a escala
  • Sin producción → no hay permisos sanitarios ni ambientales
  • Sin permisos → no hay ventas formales
  • Sin ventas → no hay inversión

Es el valley of death amplificado que enfrenta la mayoría de startups de hardware y cleantech en América Latina, donde los fondos de venture capital siguen prefiriendo software con retornos más predecibles. La salida pasa por alianzas estratégicas, fondos públicos como CORFO y ANID, y partnerships con actores de la industria minera o automotriz.

Por qué importa

La transición energética tiene un problema que nadie quiere mirar de frente: el litio no es infinito, y la infraestructura para recuperar el que ya se extrajo prácticamente no existe en nuestra región. Relitia no es solo una startup de reciclaje — es una apuesta concreta a que Chile puede ser algo más que exportador de litio bruto.

El país tiene la ventaja de ser uno de los mayores productores de litio del planeta. Si además desarrolla la tecnología para recuperar materiales críticos de baterías en desuso, puede posicionarse en toda la cadena de valor — extracción, manufactura y recuperación — en lugar de quedarse en el primer eslabón.

El momento es estrecho. Si la infraestructura no se construye ahora, cuando llegue el volumen de residuos masivo de la primera ola de vehículos eléctricos, lo tendremos que importar de países que sí apostaron. Ya vimos lo que pasa cuando no se planifica la transición energética: no hay que repetir el error.

Para quienes siguen el ecosistema tech local, Relitia es también un recordatorio de que deeptech de verdad se construye lento, con química real, no con código. Y que los problemas más grandes no siempre tienen la narrativa más brillante en Twitter — pero sí el mayor impacto si se resuelven bien.

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Fuentes

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