Los propios líderes de la industria de chips de China lo han dicho en público y por escrito: su industria de semiconductores es “pequeña, dispersa y débil”. La autocrítica no viene de un analista externo ni de un gobierno rival, sino de Wang Yangyuan —cofundador de SMIC, el mayor fabricante de chips de China— y de Chen Nanxiang, directivo de YMTC, el fabricante chino de chips NAND. El diagnóstico fue publicado en la revista científica Science and Technology Review y es, probablemente, el documento más honesto que China ha producido sobre su situación real en semiconductores.
La conclusión central del estudio: China necesita crear su propio ASML —el equivalente de la empresa holandesa que fabrica las únicas máquinas capaces de producir chips de última generación— y propone que eso no es tan difícil como parece. Es una apuesta ambiciosa respaldada por un diagnóstico severo.
¿Qué tan grave es el problema?
Los números del informe son contundentes. En 2024, China invirtió 385.790 millones de dólares en importar chips, superando incluso su gasto en petróleo (324.700 millones). Es el mayor importador de circuitos integrados del mundo, y eso no muestra señales de cambiar a corto plazo.
- Chips para automóviles: el 95% se importa. China fabrica millones de autos, pero no los cerebros electrónicos que los controlan.
- Chips de memoria: el 90% viene de fuera, principalmente de Samsung, SK Hynix y Micron.
- Chips de alta gama en general: dependen completamente de TSMC y otros fabricantes extranjeros para los nodos más avanzados.
El estudio también expone la paradoja del diseño: China tiene 3.626 empresas nacionales de diseño de chips, pero su valor total de producción fue de apenas 91.000 millones de dólares. Es decir, todas esas empresas juntas facturan menos que Nvidia sola. La fragmentación es el problema: muchos actores pequeños sin coordinación, sin escala, sin los recursos para competir con los gigantes globales.
ASML es “un simple integrador”: el argumento que justifica el optimismo chino
Aquí está la parte más reveladora del documento: los expertos chinos argumentan que crear un equivalente a ASML no es imposible porque, técnicamente, ASML no fabrica todo desde cero. La empresa holandesa coordina a más de 5.000 proveedores y gestiona cerca de 10.000 componentes para ensamblar sus máquinas de fotolitografía ultravioleta extremo (UVE o EUV, en inglés). En ese sentido, es “un integrador sistémico”, no un inventor monolítico.
La lógica del argumento: si China logra coordinar su industria fragmentada —desarrollar los componentes clave en paralelo y ensamblarlos bajo una misión nacional— podría replicar lo que ASML hace, aunque sea a su propia manera y con su propio timeline. La propuesta es crear un “ASML chino” que unifique los avances dispersos.
¿Qué tan difícil es en realidad? Bastante más de lo que el paper sugiere. La máquina EUV de ASML tomó décadas de desarrollo colaborativo entre Países Bajos, Alemania, Reino Unido y EE.UU., con miles de millones de inversión y conocimiento acumulado que no se puede copiar fácilmente. El reverse engineering de China —incluyendo robo de talento e ingeniería inversa de componentes— ha producido hasta ahora una máquina EUV que, según reportes de Tom’s Hardware, no ha fabricado un solo chip funcional. Las aspiraciones están ahí; los resultados, todavía no.
Dónde sí está ganando China
El informe no es puramente pesimista. Hay áreas donde China ya compite en la vanguardia global:
- Chips para smartphones: HiSilicon (20% del mercado chino) y Unisoc (10%) son competitivos. El Kirin 9020 de Huawei demuestra que China puede diseñar chips de alto rendimiento para móviles.
- Nodos maduros (28nm y superiores): China ya controla el 33% de la producción global en este segmento. Para aplicaciones industriales, de consumo y electrónica general que no requieren los procesos más avanzados, China es autosuficiente.
- Investigación alternativa: La Universidad de Pekín trabaja en tecnología Flip-FET (FFET), que podría alcanzar nodos de 3-2nm sin depender de máquinas EUV, usando un enfoque arquitectónico diferente. Es prometedor en teoría; está por verse si funciona a escala industrial.
El Plan Quinquenal como hoja de ruta
China está preparando su 15.º Plan Quinquenal (2026-2030), y se espera que incluya explícitamente objetivos de litografía y herramientas EDA (diseño asistido de chips) como metas nacionales prioritarias. No es la primera vez que China promete avances en semiconductores —el Plan Hecho en China 2025 también lo hizo— pero esta vez la urgencia es mayor.
Las restricciones de exportación impuestas por EE.UU. y Países Bajos han hecho que ASML no pueda vender sus máquinas más avanzadas a China desde 2023. Sin acceso a esa tecnología, China tiene que fabricarla o encontrar un camino alternativo. El estudio propone que ese camino pasa por más plataformas públicas de validación, mayor coordinación entre fabricantes de materiales, equipos y software, y un esfuerzo nacional equivalente al que EE.UU. hizo con el Proyecto Manhattan, pero para chips.
Por qué importa
Los semiconductores son la infraestructura de todo lo que viene: inteligencia artificial, data centers, smartphones, autos eléctricos, defensa, telecomunicaciones. Quien controle la fabricación de chips avanzados tiene una palanca enorme sobre la economía global.
Lo que el informe chino revela es que, a pesar de los controles de exportación de EE.UU., China está lejos de rendirse. Está siendo brutalmente honesta sobre sus debilidades —lo cual es inusual en el discurso oficial— precisamente para justificar una inversión masiva y coordinada. El hecho de que los propios fundadores de SMIC y YMTC firmen este documento es una señal clara de que la industria está pidiendo a gritos intervención estatal.
El paralelismo con Europa es relevante. Mientras España y otros países europeos apuestan por chips de galio y semiconductores especializados para no depender de Asia, China intenta resolver el problema desde el otro ángulo: dejar de depender de Occidente. El resultado de ambas carreras definirá quién controla la tecnología que impulsa la IA en los próximos diez años.
La autocrítica de los líderes chinos de chips es, paradójicamente, una buena noticia para China. Identificar el problema con precisión es el primer paso para resolverlo. La pregunta es si la coordinación nacional que proponen —crear un ASML chino en cuatro años— es realista o es otro objetivo ambicioso que el Plan Quinquenal termina incumpliendo. La historia de los semiconductores sugiere que este tipo de brechas tecnológicas no se cierran fácilmente con dinero ni con voluntad política. Pero tampoco son permanentes.

