RAMaggedon: la IA devora la RAM y el gaming paga el precio

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Los centros de datos de IA van a consumir el 70% de la producción global de RAM en 2026. No es una proyección apocalíptica: es lo que publica el Wall Street Journal citando a analistas del sector. Y el gaming —la industria que prometía ser el gran espectáculo tecnológico de la década— está absorbiendo el golpe en tiempo real.

Despidos masivos, consolas discontinuadas sin sucesor claro, precios de hardware que podrían duplicarse y una comunidad que activamente rechaza la IA en sus juegos favoritos. Todo esto está pasando al mismo tiempo, y el hilo conductor es uno: la misma infraestructura que alimenta a ChatGPT y a los grandes modelos de lenguaje está secando el suministro de componentes que hace funcionar a Xbox, PS5 y los PCs para jugar.

¿Qué es RAMaggedon y por qué le afecta a los videojuegos?

La memoria RAM —ese componente verde y dorado que define cuántas cosas puede hacer tu dispositivo a la vez— se ha convertido en el recurso más disputado del mundo tech. Los centros de datos de IA, que se han duplicado en EE.UU. desde 2022, necesitan cantidades industriales de RAM de alta velocidad (HBM, LPDDR5X) para poder procesar los modelos de lenguaje más grandes.

El resultado es lo que la industria ya llama informalmente “RAMaggedon”: un desabastecimiento global que ya hizo subir los precios de la memoria un 50% en el último trimestre de 2025, y que TrendForce proyecta podría seguir subiendo otro 70% durante 2026. La escasez de RAM que impulsó la IA ya había encarecido los smartphones en más de $130 por unidad; ahora le toca a las consolas y los PCs de gaming.

Gene Park, crítico de videojuegos del Washington Post, lo resume con claridad: el gaming es “el único entretenimiento masivo cuyo techo creativo está limitado por el hardware del consumidor”. Cuando los consumidores no pueden acceder o costear hardware suficientemente potente, la innovación se frena en seco.

Consolas en modo supervivencia

Los efectos ya son concretos:

  • Steam Deck LCD: Valve discontinuó en diciembre el modelo de 256GB —lanzado en 2022— sin tener un sucesor listo. Es la primera discontinuación de una consola importante sin upgrade disponible. La Steam Machine, que se anuncia como seis veces más potente, no tiene fecha ni precio confirmados.
  • PS5: Según Bloomberg, Sony no ha confirmado ni desmentido que el sucesor del PS5 —originalmente planeado para fines de 2027— podría retrasarse otro año más, empujando el lanzamiento a 2028 o 2029.
  • Xbox: Microsoft acaba de confirmar su próxima consola bajo el nombre Project Helix, una híbrida entre consola y PC sin títulos exclusivos. Los expertos proyectan un precio de entre $900 y $1.200 —el doble del Series X— si el desabastecimiento de RAM continúa al ritmo actual.
  • Nintendo Switch 2: La única que, por ahora, ha logrado esquivar los aranceles y no planea subir precios.

La paradoja es notable: los centros de datos de IA ya acaparan más del 68% del presupuesto eléctrico de las regiones donde se instalan, y ahora también acaparan el componente clave del hardware de consumo.

45.000 empleos perdidos y los devs se rinden

Mientras el hardware se encarece, el mercado laboral del gaming colapsa. Desde 2022 hasta fin de 2025, la industria perdió aproximadamente 45.000 empleos. Las proyecciones para 2026 hablan de otros 10.000 despidos adicionales.

El patrón es el mismo que en otras industrias tech: son los juniors quienes absorben el mayor impacto. Un desarrollador veterano de Xbox, que prefirió mantenerse en el anonimato por temor a represalias en “una industria ya de por sí volátil”, lo dice sin rodeos: “Ahora los seniors hacen todo el trabajo. La IA iba a ‘liberarlos para lo bueno, lo difícil’. El problema es: ¿quién hace lo básico? La respuesta es… nadie.”

La presión para adoptar IA generativa en el proceso de desarrollo es real. Alec Robbins, director narrativo en Squanch Games, cuenta que le dijeron que usara IA en un proyecto. “Luché contra eso y perdí”, dice. Aunque la IA quedó circunscrita a “una parte muy pequeña y específica del juego”, los jugadores no hicieron distinción: su mera presencia generó daño reputacional para la empresa.

En Larian Studios —los creadores de Divinity: Original Sin— el CEO admitió el uso de IA generativa en el flujo de trabajo. El backlash fue tan grande que la empresa tuvo que retractarse.

Gamers vs. IA: una guerra que los estudios aún no entienden

La comunidad gamer tiene una relación peculiar con la IA: la rechaza activamente, incluso cuando su uso es mínimo o técnico. Un ejecutivo veterano de la industria AAA lo expresa con contundencia:

“Los CEOs que insisten en integrar IA van a fracasar porque no vamos a comprar sus cosas. No les vamos a dar crecimiento explosivo. No vamos a hacer cosplay. No vamos a ir a las convenciones. No vamos a generar merchandise ni fan fiction. No vamos a hacer nada de lo que ellos quieren, porque no funciona.”

El problema de fondo es estructural: los diseñadores de sonido y los actores de doblaje ya están siendo reemplazados por herramientas de texto-a-voz generativas. Un diseñador senior de audio en un gran estudio AAA dice que sus colegas “hacen lo que sea para mantenerse empleables”. Si no adoptan IA, arriesgan sus puestos. “Muchos de mis pares ya están buscando trabajo en otros sectores, simplemente para poder pagar las cuentas.”

¿Hay algún ganador en todo esto?

Paradójicamente, los streamers podrían beneficiarse. Spencer Agnew, director de programación de Smosh Games, señala que si los consumidores no pueden costear los nuevos juegos por los precios del hardware, podrían volcarse a ver streams en lugar de jugar. “Algunos streamers podrían verlo como ventajoso para su audiencia: que no tengan acceso a esos juegos los hace dependientes del streamer para vivir esa experiencia.”

Es el modelo de la televisión de los años 80 en formato digital: cuando el acceso al producto se vuelve caro, la demanda de intermediarios que lo consuman en tu nombre crece.

Por qué importa

El gaming es, históricamente, el canario en la mina del hardware de consumo. Fue la industria que exigió GPUs más potentes y memorizó por qué importa la latencia. Si hoy los precios de las consolas pueden duplicarse y el lanzamiento de la próxima generación llega a costar más que un laptop de gama media, estamos ante un cambio de accesibilidad que redefine quién puede participar en la cultura gamer.

Más preocupante aún: la IA no solo está encareciendo el acceso, sino desplazando a los creadores humanos dentro de los propios estudios. Si los junior developers ya no consiguen trabajo en gaming, la siguiente generación de diseñadores, narradores y artistas digitales simplemente no existirá. Y los CEOs que apuestan por la automatización a corto plazo están apostando a que los fans de toda la vida no se darán cuenta. Por cómo reaccionaron a Divinity, parece que sí se dan cuenta.

RAMaggedon es, en última instancia, la historia de un recurso escaso en el lugar equivocado: la IA necesita memoria para entrenar, los gamers necesitan memoria para jugar, y el mercado le da el recurso al que más paga. Por ahora, eso no son los gamers.


Fuentes

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